
Fona Fall Fest: Zahara Acustiquísimo
Sábado 29 de noviembre en Teatre Principal d’Inca
Zahara y el olor a mandarinas
Por Patricia Gelabert
Xavi Vidal Bonilla (ver galería)
El pasado sábado 29 de noviembre Fonart nos tenía preparada una cita ineludible en el Teatre Principal d’Inca. Zahara y su “Acustiquísimo” venían cargados de energía, sentimiento y, cómo no, buena música.
Vestida de azul eléctrico y subida a sus Dr. Martens, apareció frente a todos en un escenario sobrio, con dos guitarras y un teclado. No necesita más, porque solo con su voz crea mundos infinitos en los que quedarse a vivir.
El repertorio ya avecinaba tormenta: las canciones más sentidas de su discografía, en formato acústico. Era una noche para sacarse de dentro algunas lágrimas que asomaban desde la primera canción: «El diluvio universal».
Hubo para todos los gustos, desde canciones de «Lento ternura», su último álbum (G.O.Z.Z. Records, 2025), pasando por «PUTA» (2021), «Astronauta» (2018), «Santa» (2015), «La pareja tóxica» (2011) y rematando con las canciones que la mayoría estaban esperando: las de «La fabulosa historia de…» (2009).
“Como veis hoy la cosa va a ir regular. Hay veces que me pregunto: María Zahara, ¿por qué llevas tanto tiempo sin hacer este show? Pues porque vaya meneo, espero que vosotros salgáis bien hoy de aquí, porque yo no.”
Hubo también lugar para las risas, porque aunque le cante al amor más puro o al desamor más intenso Zahara, en su permanente estado de timidez del que se obliga a salir, es muy divertida y hace chascarrillos con un humor muy cercano e inteligente, reflejando la parte más humana y terrenal de la artista ubetense.
“Soy una mandarina.”
¿Reconocéis ese olor? El de final de verano, cuando parece que todo termina. Pero a la vez empieza. Y debes dejar atrás las vacaciones, la ilusión, la calma que traen los días largos, soleados. El pueblo. La familia y los amigos. Y damos nuevamente paso a la rutina, al trabajo, a la velocidad. Pero nuestra mente, aun queriendo descubrir lo que vendrá, sigue afincada en agosto, en el mar, en las verbenas, en ver atardecer desde cualquier lugar.
Es a eso a lo que nos transportó desde los primeros acordes de «Olor a mandarinas».
Y desde ese rincón tan especial, tan suyo y a la vez tan de todos los asistentes, Zahara explicó que, desde la última gira de acústicos, la diferencia más notable era que había sacado varios discos más, y podía incluir algunas canciones que le hacía ilusión tocar en este formato.
Habló de su disco «Puta», el que lo cambió todo. Y del último: «Lento ternura». De su canción «Quién dijo», y cómo empezó a escribirla.
“»Quién dijo» me gustó mucho escribirla. Cuando escribí la idea de la letra, todo lo que decía lo hablaba en presente: vivo en la tormenta, parece más bonito… y cuando fui a cantarla pensé: ¿cómo me aferro a la belleza que no quiero que se vaya, después de toda la terapia a la que he ido? Y entonces decidí ponerlo todo en pasado y conecté más, encontré el lugar desde el que poder cantarla.”
Uno de los momentos más importantes de la velada, sino el que más, fue el momento de cantar «Sansa». Disculpad mi atrevimiento si digo que es la canción más desgarradora de su discografía, pero creo que estaría de acuerdo con más de la mitad de los asistentes, y así se confirmó en el Teatre Principal d’Inca el sábado.
Al terminar la canción, con un final abrupto, dándole más dramatismo al momento, el público acabó de pie, ofreciendo a la cantante una ovación de más de tres minutos, provocándole el llanto después del torbellino de emociones que supuso, entiendo, interpretarla.
Habló de su alma coplera antes de interpretar «Dolores», con la que pudo acercarse a ese registro, a su manera, escribiéndole una canción a la copla misma, como si fuera una mujer, y poniéndole título con el nombre que mejor le viene al pelo. Habló también de su abuela Isabel, quien siempre las cantaba.
Hizo a los asistentes participar de una votación para saber si cantar o no «Con las ganas» (ficticia porque, como ella dijo, iba en el setlist, votara el público lo que votara).
Y después de hacer una versión majestuosa de «Taylor», empezó la fiesta (Zahara empeñada en remontar un concierto que no necesitaba remonte ni mejora). Se sacó de la manga un omnichord y de la garganta una versión de «Las 12» de Ana Mena al más puro estilo verano de los 90 o 2000. Fue ahí donde le apareció la sonrisa más grande de la velada: al disfrutar de sus “aparatos con botones”.
Acordándose de Arnau, compañero de giras y de vida, y siguiendo con el instrumento electrónico, le llegó el turno a «Yo solo quería escribir una canción de amor», el que fuera el primer single de «Lento ternura» y en la que habla de la relación amor-odio que tiene con Madrid, y la calma que le provoca haber salido de su ruido.
Le tocó el turno a su canción más oscura, una delicia escucharla en directo siempre: «Camino a L.A.». Acordes de guitarra eléctrica, Zahara cantando desde la rabia y juegos de luces rojas. Imposible no creerte dentro del averno.
Pero, todo lo bonito debe terminar en algún momento, y el espectáculo llegaba a su fin. Con «El deshielo» bajó del escenario y, a capela, pidió al público que la acompañara en los estribillos hasta el final. Terminó agradeciendo al público en catalán por su asistencia, con «Berlin U5» y «Hoy la bestia viene a cenar a casa».
En resumen, después de una velada maravillosa, solo puedo decir que la cantante, sola en un escenario, lo llena todo. Hasta los rincones que no sabías vacíos. Ese es el efecto Zahara. Pasen los años que pasen. Y por eso hay que seguir apostando por sus directos.






































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